LA DOCTRINA DE LA UNICIDAD DE SHEIJ AL ALAWI




Extracto de citas y comentarios sobre la doctrina de la Unicidad del Ser del sheij Al Alawi.
Por Marting Lings.
 
 
El Shayj Ahmad al Alawi hace el siguiente comentario en su obra Al‑Minah al‑Quddusiyya, comentario de Al‑Murshid al‑Mu’în de Ibn ‘Âshir:

«Ve, pues, oh siervo, lo que te pertenece a ti, pues, si tú te cualificaras con alguna de estas cualidades, estarías en conflicto con tu Señor.
A Al-lâh pertenece la prerrogativa del Ser, y el Ser es el verdadero Sí Mismo de Aquel que es. Es el Ser Absoluto que no se puede limitar ni medir, ni poner de lado. No puede existir otro ser al lado de este Ser, en virtud de Su Infinitud, de la Fuerza de Su Manifestación y de la Inmensidad de Su Luz. Debes saber que este Ser no tolera ninguna negación en el ojo interior de los Gnósticos, como tampoco los objetos sensibles toleran ninguna negación en la visión de los que están velados (por la ignorancia). E incluso la evidencia de la verdad espiritual es para el Intelecto más fuerte y más directa que la evidencia del objeto sensible para los sentidos. Así, la Manifestación del Ser Absoluto se impone a la percepción del Sufí de tal forma que éste se halla completamente sumergido en su realización del Infinito. Si recorre el vasto Sin Principio no descubre ningún punto de partida, y si se vuelve hacia el Sin‑Fin, no encuentra ni límite, ni finalidad. Se sumerge en las profundidades del Misterio más secreto y no encuentra salida, y se eleva a través de la jerarquía de la Manifestación Exterior y no halla escape, de modo que, en su perplejidad, implora un refugio. Entonces, las Verdades de los Nombres y de las Cualidades se dirigen a él, diciéndole: "¿Acaso tratas de limitar la Esencia? ¿Querías atribuirle dimensiones? Estás en una estación que conlleva el conocimiento de los Secretos de los Nombres y de las Cualidades. ¿Qué tienes que ver con las cosas creadas?" Y entonces se abandona el Ser y ve que no hay, fuera de Él, ni nada ni ser».

» No sirve de nada afirmar Su Trascendencia con la lengua mientras en el corazón se afirma Su semejanza con otras cosas. Si estás velado, aunque parezca que afirmas Su Trascendencia, afirmas de hecho Su Semejanza con algo que es otro que Él por tu incapacidad de concebir la Verdad de Su Trascendencia, mientras que, si Lo conoces, aunque parezca que Lo comparas con otros, afirmas de hecho Su Trascendencia por la total anulación de tu ser en Su Ser. En una palabra, la afirmación de Su Semejanza por parte del Pueblo trasciende la afirmación de Su Trascendencia por parte de la mayoría.

» El conjunto del Pueblo de Allah puede ser dividido en tres grupos. El primero es el grupo de aquellos que ven que no hay ningún agente salvo Al-lâh, realizando así la Unidad en los Actos por medio de la percepción intelectual directa y no meramente por medio de la creencia, pues ven el único Agente a través de la multiplicidad de los actos. El segundo es el grupo de los que realizan la Unidad en las Cualidades, es decir, que nadie tiene oído, vista, vida, habla, poder, voluntad, conocimiento, salvo Al-lâh. El tercero es el grupo de los que realizan la Unidad en la Esencia y que están velados respecto de todo lo demás porque la infinitud de la esencia les ha sido revelada, de modo que no queda lugar para la apariencia dé ninguna cosa creada. Ellos dicen: "En verdad, no hay nada más que Al-lâh", pues lo han perdido todo salvo a Él. Éstos son los esencialistas y los Gnósticos unificadores, todos los demás están velados y no están atentos; no han gustado el sabor de la Unidad ni sentido el perfume de la Singularidad, sino que tan sólo han oído hablar de esta doctrina y creen adherirse a ella porque ha llegado a sus oídos. En realidad, están lejos de la Verdad y separados de Ella.

En su enseñanza oral, el Shayj acostumbraba a parafrasear como sigue las fórmulas del Shayj Al‑Bûzîdî sobre estas verdades:

« El Infinito o el Mundo de lo Absoluto, que concebimos como exterior a nosotros, es, por el contrario, universal y existe dentro de nosotros así como fuera. Sólo hay Un Mundo, y es Él. Lo que vemos como el mundo sensible, el mundo finito del tiempo y del espacio, no es más que una conglomeración de velos que ocultan el Mundo Real. Estos velos son nuestros propios sentidos, nuestros ojos son los velos de la Verdadera Visión, nuestros oídos son los velos de la verdadera Audición, y lo mismo ocurre con los demás sentidos. Para poder tomar consciencia de la existencia del Mundo Real es necesario apartar los velos de los sentidos... ¿Qué queda entonces del hombre? Queda un débil destello que se le revela como la lucidez de su consciencia... Hay una perfecta continuidad entre este destello y la Gran Luz del Mundo Infinito, y, cuando esta continuidad ha sido captada, nuestra consciencia puede (por medio de la oración) tomar impulso y desplegarse por así decirlo en el Infinito y no ser más que Uno con Él, de modo que el hombre llega a ver que sólo es el Infinito y que él, la consciencia humana, existe solamente como un velo. Una vez que este estado se ha realizado, todas las luces de la Vida Infinita pueden penetrar en el alma del Sufí y hacerle participar en la Vida Divina, de modo que tiene derecho a exclamar: "Yo soy Al-lâh". La invocación del nombre Al-lâh es como un intermediario que va y viene entre las vislumbres de la consciencia y los esplendores deslumbrantes del Infinito, afirmando la continuidad existente entre ellos, entrelazándolos en una relación cada vez más íntima, hasta que "se funden en la identidad"».


El Shayj hace algunos comentarios detallados sobre los opuestos de las Cualidades Divinas, que Ibn ‘Âshir enumera afirmando que son imposibles en lo que concierne a Al-lâh. A continuación algunas citas de lo que dice acerca de la nada, la extinción, la muerte, la sordez, la mudez y la ceguera:



« Aquí habla de lo que es imposible respecto de Al-lâh e inevitable para el siervo, y por "siervo" el Pueblo entiende el mundo, desde su cenit bajó el Trono hasta su nadir en los confines inferiores de la creación; es decir, todo cuanto ha entrado en la existencia a la palabra "¡Sé!", todo lo que es "otro". Así pues, toma consciencia, hermano, de tus propios atributos y mira con el ojo del Corazón el comienzo de tu existencia, cuando surgió de la nada, pues, cuando verdaderamente habrás tomado consciencia de tus atributos, Él te enriquecerá con los Suyos.



» Uno de tus atributos es la pura nada, que te pertenece, así como al mundo en su totalidad. Si tú reconoces tu nada, Él te enriquecerá con su Ser....



» La extinción también es uno de tus atributos. Tú ya estás extinto, hermano, antes de que te extingas y no eres nada, antes incluso de ser aniquilado. Eres una ilusión en una ilusión y una nada en una nada. ¿Cuándo has tenido la Existencia para que puedas extinguirte? Tú eres como un espejismo en el desierto: el hombre sediento cree que es agua, hasta que, llegado allá, no encuentra nada; pero en su lugar encuentra a Al-lâh (Corán, XXIV, 39). Igualmente, si te examinaras a ti mismo encontrarías que este "ti" no es nada, y allí encontrarías a Al-lâh, es decir, que encontrarías a Al-lâh en vez de encontrarte a ti mismo y no quedaría de ti más que un nombre sin forma. El Ser en sí pertenece a Al-lâh, no a ti; si llegaras a captar esta verdad y a comprender lo que es Al-lâh despojándote de todo lo que no es tuyo, descubrirías que eres como el corazón de una cebolla. Si la pelas, quitas la primera piel, luego la segunda, la tercera, y así sucesivamente hasta que ya no queda nada de la cebolla. Así es el siervo con respecto al Ser de la Verdad.



» Se dice que Râbi’a al-‘Adawiyya encontró a un Gnóstico y le preguntó sobre su estado, y él respondió: "He caminado por el camino de la obediencia y no he pecado desde que Al-lâh me creó", oyendo lo cual ella dijo: "Ay, hijo mío, tu existencia es un pecado al que ningún otro puede compararse."



» Camina, pues, hermano, por el camino de los que realizan la Unidad y afirman que el Ser no pertenece a nadie más que a Al-lâh, pues, si alguno de entre el Pueblo se atribuye el Ser a sí mismo, es culpable de idolatría. Sin embargo, la mayoría no puede evitar afirmar la existencia de lo que es otro que Al-lâh, aunque al hacerlo afirma todos los males.



» La vida no es uno de tus atributos, pues tú estás muerto bajo la apariencia de la vida, como un poseso que pretende ser alguien que no es. Pero si te llevaran ante tu Señor, con el cuerpo yacente como el de tu padre Adán, Él te insuflaría Su Espíritu y te crearía a Su Imagen; entonces, habiendo realizado tu estado de muerte, podrías decir sin error: "Estoy vivo", mientras que antes, al atribuirte la vida y al darte una existencia independiente, estabas en conflicto con tu Señor.



» Otro atributo del siervo es la sordez. Tú eres sordo ahora, oh siervo y, el Oído no pertenece a tu naturaleza. Al-lâh es El que Oye, y es porque te atribuyes esta facultad a ti mismo, por lo que eres sordo. Aunque tienes orejas, no oyes. Si pudieras oír, oirías la Palabra de Al-lâh en todo momento y en toda circunstancia, pues Él nunca ha cesado de hablar. Pero, ¿qué oyes tú de esta Palabra y qué entiendes de este Discurso? Tú eres sordo y te encuentras todavía en lo más hondo de la nada. Pero si accedieras al Ser, oirías entonces la Palabra del Universalmente Adorado, y si pudieras oírla, podrías responder. Sin embargo, ¿cómo podrías responder, si la mudez es una de tus cualidades? ¿Cómo puedes pretender que posees el Habla, que es uno de los Atributos de tu Señor? Si verdaderamente fueras capaz de hablar, servirías para maestro, pero nadie viene a sentarse a los pies de un mudo. Si tomaras consciencia de tu mudez, Él te enriquecería con Su Habla, llegarías a hablar con el Habla de Al-lâh y conversarías con Él, de manera que tu oído sería el Oído de Al-lâh y todo lo que oirías vendría enteramente de Al-lâh.

» La ceguera, oh siervo, es otro de tus atributos. Si pudieras ver, contemplarías Su Nombre El Exteriormente Manifiesto, pero ahora no ves más que apariencias. ¿Dónde está tu visión de la Manifestación de la Verdad, cuando otras cosas que Él son más evidentes a tus ojos? ¡Lejos de Él el que pueda haber algún velo sobre Su Manifestación! [Para la Tradición a la que aquí se hace referencia, véase Muslim, Da’wât, 16; Tirmidî, Da’wât, 19.]. Ocurre tan sólo que la ceguera, tu atributo, te ha vencido y te has vuelto ciego aunque tengas ojos; todo por atribuirte la Vista a ti mismo. Pero si tomas consciencia de tu ceguera y tratas de acercarte a Él mediante actos tales que Su Buena Voluntad los acepte, entonces Él será tu Oído y tu Vista, y cuando Él sea tu Oído y tu Vista, no oirás más que a Él y no verás más que a Él, pues Lo verás con Su Vista y Lo oirás con Su Oído.

» Considera bien tu atributo de ceguera y medita sobre la sabiduría que reside en el atribuírtela a ti; entonces aparecerán sobre ti los rayos de la Visión. Entonces oirás lo que no oías y verás lo que no veías, pero esto no es posible más que por el conocimiento de ti mismo y por la meditación sobre la nada que es tuya con pleno derecho.

» Es Al-lâh quien ha manifestado las cosas por Su Propia Manifestación en ellas, como lo ha dicho precisamente un Gnóstico [se refiere a Abd al‑Karim al-Yîlî en su obra Al‑Insân al‑Kâmîl]:

Tú Te manifestaste a Ti mismo en las cosas cuando las creaste
y he aquí que en ellas los velos son apartados de Tu Faz,
Tú formaste al hombre con una parte de Tu Propio Sí,
y él no está unido a Ti ni separado de Ti.

» No cuentes a este mundo como una cosa y no creas que posee eternidad alguna con respecto a la Divina Presencia o que Le sea ajeno, pues no es más que una de Sus Manifestaciones, uno de Sus Secretos, una de Sus Luces. Al-lâh es la Luz de los Cielos y de la tierra» (Cf. Corán, XXIV, 35).



En otro lugar, dice:

«Es Su Voluntad que tú Le conozcas en lo que Él quiere, no en lo que tú quieres; ve, pues, como Él va y no trates de mostrar el camino. Si Lo conocieras en la Esencia, no Lo negarías en las manifestaciones de Esta. Su Voluntad es que Lo conozcas de verdad y no solamente de oídas.



» El Exteriormente Manifiesto no está velado sino por la intensidad de las manifestaciones; así pues, está presente con Él y no velado de Él por lo que no tiene ser fuera de Él. No te pares en la Ilusión de las formas y no prestes atención a la apariencia exterior de los receptáculos.



» No Lo conozcas solamente en Su Belleza, negando lo que te viene de Su Majestad (1), más bien adquiere una profunda ciencia en todos los estados y considéralo como conviene en los opuestos. No Lo conozcas sólo en la expansión, negándolo en la contracción, ni Lo conozcas tan sólo cuando concede, negándolo cuando retiene, pues un conocimiento así sólo es superficial. No es un conocimiento nacido de la realización».




Más adelante ilustra estas observaciones a propósito del simbolismo del Peregrinaje. Después de afirmar que la circunvalación alrededor de la Ka’ba significa la sumersión en la Presencia de la Unidad, dice que Safâ y Marwa, representan, respectivamente, la Belleza y la Majestad.



« Las idas y venidas de los Gnósticos entre estas dos estaciones son como el balanceo del niño en la cuna. Es la Mano de la Solicitud Divina quien los mueve de aquí para allá y los protege en los dos estados, de modo que no sufren por ello ninguna prueba, puesto que ya han sido sumergidos, en virtud de su circunvalación, en la Presencia de la Unidad y han llegado a ser como una parte de Ella. Y así, ni la Majestad ni la Belleza les afectan interiormente, pues están ya en el interior de Ellas, mientras que. para cualquiera que no sea ellos cada una de Ellas es una prueba. Os probamos por el mal y por el bien (Cf. Corán, XXI, 35). Para el Gnóstico, la Majestad Divina no es otra que la Belleza Divina y por ello se deleita en ambas a la vez. Nuestro Shayj, Sidi Muhammad Al-Bûzîdî, decía a menudo en momentos de sufrimiento: "Mi Majestad es Una con Mi Belleza", y entonces se le veía todavía más radiante de felicidad y con una mayor superabundancia de sabiduría que cuando se hallaba en una fase de Belleza. Un día sufrió una crisis tal que una de sus piernas y uno de sus brazos quedaron paralizados, y cuando llegamos a su lado, llenos de tristeza, las primeras palabras que nos dirigió fueron las siguientes:



"Desde que entré en la Vía, no he encontrado una expresión de la Verdad más elocuente que ésta: he dormido parte de esta noche bendita, y, al despertarme, he tocado mi brazo paralizado con la mano del que puedo mover; creía que no era yo mismo, pues mi brazo sin vida no sentía mi contacto. Lo tomé, pues, por un cuerpo extraño y llamé a la gente de la casa para que me encendieran una luz, diciendo: "Hay una serpiente a mi lado. La he cogido." Y cuando han encendido la luz, he visto que la mano de uno de mis brazos apretaba al otro, y no había ninguna serpiente junto a mí, ni en realidad nada que no fuera yo mismo, por lo que dije: "¡Gloria a Al-lâh! Éste es un ejemplo de la ilusión que se le presenta al buscador antes de haber alcanzado la Gnosis." Ve, pues, hermano, la condición del Pueblo, y cómo se deleita en la Majestad de Al-lâh porque están con Él en todo momento y no con las manifestaciones de Majestad o de Belleza y contemplan la expansión y la contracción igual que contemplan la noche y el día (Hemos hecho de la noche un velo y hemos hecho el día para la vida) (Cf. Corán 1 , LXXVIII, 10‑11), dos fases que son necesarias para la forma corporal, siendo la contracción el atributo de la carne y la expansión la del Espíritu. Al-lâh es el que contrae y el que expande (Cf. Corán, 11, 245). Pero, por el hecho de que el Gnóstico está con Aquel que contrae y no en la contracción misma, y con Aquel que expande y no con la expansión misma, es activo más bien que pasivo y está como si nada te hubiera ocurrido. Está, pues, con Al-lâh, oh tú que buscas y todo estará contigo, sometido a tus órdenes. Incluso aquello que para otros sería el fuego del Infierno se convertirá para ti en un Paraíso, ya que la Mano de Misericordia, de Gracia y de Solicitud te mece de acá para allá, cuidando de que no conozcas ningún sufrimiento y de que no te falte nada. Deja que la Estación te busque: no la busques tú (* 2), puesto que ella fue creada para ti, no tú para ella. Permanece vuelto hacia Al-lâh, acogiendo con satisfacción todo cuanto te viene de Él. No te preocupes de nada, por el contrario, deja que todo se ocupe de ti; por tu parte, ocúpate en proclamar el Infinito diciendo No hay más Al-lâh que Al-lâh, completamente liberado así de todas las cosas, hasta que llegues a ser el mismo en uno o en otro estado y estés en Safâ como estás en Marwa. Que la Perfección (Kamál), que es Beatitud a la vez en la Majestad y en la Belleza sea tu atributo».




SIMBÓLICA DE LA PLEGARIA, EXPRESIÓN DE UNA GRATITUD.


Faouzi Skali es antropólogo y director del Festival de Fez de Músicas tradicionales del Mundo.



Los sufíes han meditado mucho sobre el hadith qudsi según el cual Dios ha dicho: "Yo era un tesoro escondido, he querido ser conocido y entonces Yo creé el mundo". Se trata de la plegaria, de la aspiración de Dios de ser conocido, aspiración que va a constituir, desde el punto de vista de los sufíes, la finalidad misma de la creación. El Corán dice: "Yo no he creado a los jinns y a los hombres sino para que me adoren" (LII, 56), es decir, para que conozcan lo Divino.


En el islam la plegaria ritual tiene un lugar central en tanto que modalidad de adoración, es decir, desde el punto de vista más interior, el del conocimiento. El término que en árabe se traduce generalmente por plegaria es sâlat. El Corán lo emplea tanto para designar el oficio cumplido por el musulmán cinco veces al día, como para evocar la plegaria divina por la cual Dios...

Es Aquel que ruega sobre vosotros así como Sus ángeles, para sacaros de las tinieblas a la Luz
( Corán XXXIII, 43)

Para los sufíes, este pasaje "de las tinieblas a la Luz" designa el proceso de un conocimiento por el cual el orante es llevado a realizar, mediante su propia plegaria, el voto y la aspiración de lo divino a ser conocido. El conocimiento constituye, pues, el punto de unión último entre la aspiración divina y la aspiración humana, entre la plegaria de Dios y la plegaria del hombre.

Sin embargo, lo Divino en Sí no podrá ser nunca alcanzado, porque Él es El Absoluto, El Incondicionado y por ello mismo está más allá de todo conocimiento. Para Ibn Arabi son cognoscibles los Arquetipos o Nombres Divinos, cualificaciones o determinaciones múltiples de la Unidad divina (al-ahadiyya), la cual permanece mas allá de toda determinación. Estos arquetipos son los principios o esencias de todos los seres, poseyendo cada uno de ellos una relación privilegiada con uno de esos arquetipos por el hecho de que constituyen justamente su naturaleza mas profunda, su Señor personal del que depende en tanto que vasallo. La plegaria de cada ser no es entonces otra cosa que la aspiración del alma a reunirse con su Principio Divino. Ella lo reune en la medida donde ella lo manifiesta, donde El se descubre a ella en la cima de esta aspiración interior. Es este doble movimiento que fundamenta la parábola, a menudo evocada por los místicos, del alma cómo "madre de su padre", o como dice Sohrawardi dirigiéndose a su naturaleza profunda: "Tu eres el Espíritu que me hizo nacer y Tú el Niño de mis pensamientos". Cada ser tiene una predisposición esencial a reunirse con su Principio, a conocer la "forma" de lo divino que él puede concebir, pero eso no es plenamente realizado mas que por aquellos que han alcanzado los altos grados de santidad.

La plegaria cósmica

Todos los seres que tienen una conciencia espontánea de ser conformes a su naturaleza profunda están por ello mismo en oración :

¿No ves que es a Dios a quien alaban quienes están en los cielos y en la tierra, y también las aves con las alas desplegadas? Ciertamente, cada uno sabe cómo orar y cómo alabarle.
(Corán XXIV, 41)

... y también:

¿No ves que se prosternan ante Dios todos aquellos que están en los cielos y en la tierra, así como el Sol y la luna, y las estrellas, y las montañas, y los árboles, y los animales, así como muchas gentes?
(Corán XXII, 18)

El hombre posee en su estado natural esta conformidad, que pierde progresivamente y no la encuentra conscientemente más que a través de los rituales, que son una representación simbólica y sintética de los diferentes modos de oración o de celebración de todos los seres. Cuando se habla de representación simbólica, no hay que entender por ello una mera reproducción o imitación en la plegaria ritual, de las diferentes actitudes de estos seres, sino más bien, una representación figurativa de los modos de alabanza y conocimientos espirituales que les son propios. Es según este modo de expresión simbólica que la aleya citada anteriormente puede evocar las actitudes corporales de la plegaria, que son la posición de pie (qyam, los hombres, las montañas), la inclinación profunda (rukú, aquí los animales) y la prosternación (sujud, los árboles cuyas raíces se desarrollan en profundidad).

Esta concepción del ritual como representación sintética de los diferentes modos de celebración cósmica, reúne a la del hombre en tanto que microcosmos. Para Ibn ´Arabi, las facultades espirituales del hombre son, en el nivel microcósmico, el equivalente de los diferentes grados angelicales o inteligencias universales y, los unos como los otros, tienen unas modalidades de plegaria y de conocimiento que les son propias.

De hecho, en el islam, todos los ritos tienen sus prototipos celestes, cósmicos, ligando cada gesto a una forma de celebración propia del mundo espiritual. Estos rituales simbolizan una visión según la cual todo ser, por su fidelidad (consciente o inconsciente) a su propia naturaleza, está necesariamente integrado a un orden universal, a una alabanza cósmica. Esta integración está particularmente ilustrada, para los seres que se encuentran en la superficie de la tierra, por el juego del despliegue y repliegue involuntarios de su propia sombra, que es la expresión, a su nivel, de un movimiento ritual:

Y ante Allah se postran voluntariamente o contra su voluntad, cuantos están en los cielos y en la tierra, y también sus sombras las mañanas y las tardes.
(Corán XIII,15)

Las horas de la plegaria ritual no son entonces fijas sino ligadas al movimiento solar. El movimiento rotatorio del tiempo ritual tiene por efecto tomar consciencia que cada nueva plegaria es, para nosotros, un esfuerzo para "realizar" un momento de "parada", una abertura en el ciclo del devenir, una entrada en el eterno presente.

La desacralización que representa la mayor parte del mundo contemporáneo, ¿no es debida precisamente a la pérdida, para la mayor parte de los hombres de hoy en día, de esos momentos privilegiados donde uno entra en relación esencial consigo mismo, y al desconocimiento de las vías que llevan al alma allí donde ella toma consciencia de su origen y reconoce la fuente de su ser?. Esta desacralización va acompañada de una incapacidad para detenerse, de suspender todo para volverse hacia uno mismo; para aprender a "morir" al mundo y abrirse así a una nueva dimensión de la vida:

Tu haces que la noche entre en el día y Tu haces que el día entre en la noche. Tu haces salir la vida del seno de la muerte y la muerte del seno de la vida; y Tu colmas a quien Tu quieres sin contar…
( Corán, III, 27 )

Es ésta relación con el mundo en tanto que conjunto de signos que remiten a Dios, fuente de creación y de poder, lo que hace aceptar al musulmán la fatalidad del destino y no, como a veces se dice, la fatalidad de la historia que me parece ser, más bien, una actitud propia del hombre moderno (fatalidad de "progreso", de la producción, de la nuclearización etc...).

La ascensión nocturna

En su conjunto, los gestos de la plegaria ritual fueron, según la tradición, revelados al Profeta Muhammad por el Arcángel Gabriel, que oró delante de él después de haber hecho brotar de sus pies una fuente con la cual hizo sus abluciones. La institución de la plegaria ritual es el único, entre los cinco "pilares" o arcanos del Islam, en ser revelado al Profeta del islam, y transmitido por él a su comunidad, después del viaje nocturno (isra') seguido de la ascensión nocturna (mi'raj) que debió llevarlo más allá del tiempo y del espacio, mas allá del "Loto del límite", hasta la Presencia Divina. Las tres dimensiones de este viaje - dimensión horizontal cuando el Profeta fue llevado del templo de la Ka'ba en la Meca al templo de Jerusalén, dimensión vertical ascendente desde este templo hasta la Presencia Divina y finalmente dimensión vertical descendente de retorno al mundo terrestre - recuerdan las tres actitudes de la plegaria ritual evocadas anteriormente y que son las de qyam (estación erguida o de pié), del rukù (inclinación horizontal) y sujud (prosternación) . Esta analogía simbólica nos es tan fácilmente sugerida que, según un hadith, "la plegaria es la ascensión cósmica del creyente" (mi'raj), o también que ella es "una conversación íntima (munajat) entre el servidor y su Señor". Es necesario notar que cuando el orante efectúa la secuencia del tashahhud u oración canónica situada al fin de dos ciclos completos en el interior de la plegaria y que literalmente significa "hacer presente a sí", reproduce los términos mismos de la conversación que tuvo lugar cuando el Profeta entró, en el curso del mi´raj, dentro de la Presencia Divina.

En el curso de este viaje nocturno, la tradición relata que el Profeta Mahoma fué despertado por el Arcángel Gabriel, que le proporcionó una montura celeste con el fin de regresar al templo de Jerusalén, en el cual reencontró a todos los profetas anteriores ( Abraham, Moisés, David, Jesús, etc...) al que saludó y luego oraron todos juntos en el templo. En el curso de la ascensión hacia el "Loto del límite", atravesó los diferentes niveles celestes, donde vio de nuevo, uno a uno, a todos los profetas. El vínculo entre el templo de la Meca y el templo de Jerusalén se inscribe dentro de la continuidad de la revelación profética y esboza los contornos de una historia sagrada en el curso de la cual el islam se encuentra en relación con las tradiciones anteriores. La dimensión vertical de esta ascensión sobrepasa por sí misma el marco histórico y desvela la naturaleza espiritual de cada profeta y de su enseñanza.

Plegaria de Dios y plegaria del hombre

La analogía entre los diferentes movimientos de la plegaria y los del viaje nocturno, nos aclara la manera que tiene la plegaria ritual de inscribirse en un tiempo histórico que ella sacraliza abriéndola a una dimensión cósmica según la cual debe operarse "la entrada" en la presencia divina. Sin embargo, a propósito de esta analogía, el sentido de los movimientos de la plegaria ritual es de hecho el inverso del de las etapas de la ascensión nocturna. Así, para el orante, el movimiento "ascendente" es aquel en el que se prosterna, pues es en este estado que, según el hadith "él está más cerca de su Señor". Sería, pues, más exacto hablar de una analogía inversa y es precisamente ésta que Ibn ´Arabi establece entre la plegaria del hombre y la plegaria de Dios, la cual da nacimiento, dentro de un movimiento descendente, a la creación y, después, en el curso de un movimiento ascendente, a la epifanía de los diferentes grados espirituales hasta los arquetipos divinos, y en un movimiento horizontal, a los diferentes planos de mediación, de horizontes o cielos.

Tener consciencia de esta relación entre la plegaria de Dios y la plegaria del hombre, es comprender el lazo existente entre el poder creador de Dios y la participación del hombre, imagen de Dios, en el proceso mismo de la creación. Las diferentes secuencias de la plegaria ritual son entonces figuras simbólicas de la reabsorción progresiva de todos los seres en su fuente original. Según los sufis, éste proceso de creación no es solamente temporal sino que se renueva a cada instante. La identidad en el tiempo de los seres que percibimos no es nada mas que una ilusión. "La maravilla de las maravillas , escribe Ibn´Arabi, es que el hombre esta en una continua transformación , y por lo tanto no tenemos consciencia de ella en razón de lo extremadamente ténue del velo y de la similitud de las formas que se suceden".

Como lo ha dicho el Altísimo :

Cualquier cosa similar os será dada
(Corán, II,25)

Si la plegaria ritual es un símbolo del proceso de la creación y de su reabsorción en Dios, cada instante del ser no es otra cosa que una forma de plegaria.

La tradición del templo

En el Islam los gnósticos (al-arifin) son aquellos que, habiendo conseguido encontrar en ellos ese estado original, paradisíaco, del conocimiento divino, no por eso dejan de observar el culto ritual aunque su relación con él sea diferente de la del común de los creyentes. Su plegaria , a la manera de la del Profeta, es una expresión de gratitud hacia Dios, que les ha permitido reencontrar el conocimiento y la libertad con las cuales han escogido expresar, dentro del mismo ritual, su dependencia ontológica para con el Principio divino. Para el islam, Adán fue el primer profeta e iniciador dentro de esta vía permitiendo reintegrar su naturaleza primordial. Abraham fue otro y es en su nombre que fué realizada la reconstitución ( después del diluvio) del templo de la Ka´ba:

"Y cuando instalamos para Abraham el lugar de la Casa (la Ka'ba) con esto: No asocies nada conmigo, purifica Mi casa para aquellos que rezan de pie y aquellos que se inclinan y prosternan"
(Corán XXII, 26)

Encontramos en estos versículos la indicación de los principales movimientos rituales de la plegaria.

Abraham está considerado también como un representante de la tradición primordial (la del monoteísmo puro, de los hunafa ) que el Corán identifica por igual a la fitrah o naturaleza primordial, según la cual los hombres han sido creados ( XXX,30). Todos los ritos que se establecerán alrededor de la Ka´ba. los de la plegaria o del peregrinaje, tienen justamente como primer fin despertar en el hombre esta positividad innata que se esfumó, así como su capacidad de maravillarse frente al milagro cotidiano de la existencia.

Respondiendo a los que pedían prodigios al Profeta Muhammad, el Corán dice:

¿Es que no se fijan en la manera en la que han sido creados los camellos, la manera en que han sido elevados los cielos, la manera en la que se han erigido las montañas, la manera en la que ha sido extendida la tierra?
(Corán LXXXVIII, 17-20)

Esta concepción de la religión como conformidad esencial a la naturaleza de las cosas, está quizás en el origen de la tradición dónde esta dicho que la tierra entera es pura y que se puede celebrar la plegaria ritual en no importa qué lugar de la naturaleza, el mundo convirtiéndose así, para el orante, en un templo cósmico.

El Corán señala que por sí sólo Abraham era una comunidad. Así, en el islam, la celebración de todos los ritos puede ser hecha por un hombre sólo que se convierte entonces en una comunidad en potencia. La comunidad misma (ummá) se define esencialmente por la orientación de todos los hombres hacia un mismo centro, el templo de la Ka´ba llamado la "casa de Dios", representación simbólica del principio divino. Los lazos que nacen entre los hombres son, o deberían ser, antes que nada, el fruto de esta orientación interior.

La Iniciación

Respecto al plan de la realización espiritual, los diferentes movimientos de la plegaria describen el pasaje gradual del estado de una consciencia egocéntrica (nafs), representada por la posición de pie, a su desaparición progresiva y, finalmente, a su aniquilación, simbolizada por la actitud de la prosternación. Bajo esta perspectiva, un conocimiento teórico del simbolismo de la plegaria está lejos de ser suficiente. La iniciación implica un proceso de transformación que pasa, más allá de una concepción teórica, por la participación efectiva del cuerpo en una experiencia vivida. Las actitudes espirituales del cuerpo contienen potencialmente las realizaciones espirituales correspondientes a cada una de ellas. Incumbe sin embargo al practicante la tarea de hacer esta realización efectiva por una "presencia de espíritu" continua en cada gesto y palabra de la plegaria. Es por eso que, por una parte, la plegaria está "orientada" (la orientación exterior hacia el templo es un soporte para la orientación interior hacia Dios) y que, por otra, el tiempo de la plegaria es sagrado, el orante no puede interrumpirla ni dejarse distraer, ni siquiera por una simple mirada, con el entorno. Varios hadiths insisten sobre la necesidad de esta presencia espiritual del orante: "Numerosos son los que pasan las veladas en oración para no recoger más que fatiga", dice uno de ellos.

Esta participación del cuerpo como soporte simbólico , la reencontramos en el rito de las abluciones que precede a la plegaria. El soporte corporal es allí todavía fundamental porque la renovación de las abluciones está prescrita en relación a nuestro ritmo biológico. Partiendo de este soporte, el rito de las abluciones reviste entonces la significación vivida de un cambio de estado, de una regeneración espiritual, el agua como símbolo de la vida. Pero, ¿el agua natural no es el símbolo sensible del agua invisible (ma l-ghayb), agua espiritual por la cual se opera la verdadera purificación interior ?.

Describiendo la significación espiritual de la prosternación, el sheykh al-Alawi escribe: "Antes de la prosternación el gnóstico se mantiene de pie en la posición de la existencia, pero después de su prosternación desaparece, borrado en si mismo y eterno en su Señor."

Dando luego la indicación de un grado todavía mas elevado, simbolizado por la segunda prosternación que viene, en la plegaria ritual, inmediatamente después de la primera, el añade: "Cuando el orante llega al grado de prosternación, aniquilado con respecto a la existencia, se prosterna una segunda vez a fin de aniquilar su primera aniquilación. Esta segunda prosternación es entonces un enderezamiento...". La realización completa es entonces la de la actitud sentada que sigue el cumplimiento de las dos prosternaciones precedentes, posición intermediaria donde el gnóstico reestablece el contacto con el mundo de los hombres todo y estando interiormente "ahogado" en la contemplación de la realidad divina.

Algunas modalidades de la oración ritual

La oración ritual (salat) constituye uno de los cinco pilares de la tradición islámica y comporta una participación cotidiana del cuerpo y del alma. Los sufis cumplen este ritual como todo musulmán y ven una evocación de la presencia divina, del mismo modo que en las sesiones de Dhikr. He aquí las principales modalidades que tienen por fin el cumplimiento de este oficio:

· Hay cinco plegarias que cumplir cada día: al alba (salat al-subh), al mediodía (salat al-zurh), a media tarde (salat al-‘asr), al ponerse el sol (salat al-maghrib) y durante la noche (salat al-‘ishâ). Los horarios de estas diferentes plegarias se establecen a partir de la posición real del sol, estando en función del lugar en el que se encuentra y del periodo del año considerado. Por ejemplo, la oración del crepúsculo se efectuará en Francia a partir de las 17 horas en diciembre y hacia las 21 horas 30 en el mes de Junio.

Las condiciones de vida actuales no siempre permiten respetar los horarios preestablecidos y en particular los correspondientes a las oraciones de la mitad del día y de la tarde. Por ello se tolera reagrupar las que no se han podido efectuar a tiempo, por ejemplo, al finalizar la jornada.

— Las abluciones con agua preceden los oficios; se trata de humidificar con ella diferentes partes del cuerpo (manos, boca, naríz, cara, antabrazos, cabeza, orejas, pies) expresando la intención (niya) de cumplir estos gestos unicamente por Dios. Si no se está cerca de un punto de agua, se permite entonces efectuar estos mismos gestos con las manos después de haberlas frotado con una materia mineral (arena, piedra o guijarro no trabajados por el hombre). Las abluciones se renuevan después de un periodo de sueño o después de una estancia en el retrete. Después de un acto sexual se efectuan grandes abluciones, en el curso de las cuales se humedece la totalidad del cuerpo.

— Inmediatamente antes de cada oración se recita una llamada (adhân). El orante debe ejecutar su plegaria sobre una superficie propia (alfombra, estera, etc…) dirigiéndose hacia el templo de la Ka'aba situado en la Meca. En Francia esta orientación corresponde a la dirección sud-este (en España por estar más al sur que Francia, la orientación coincide practicamente con el Este).

— En el curso de la oración, se salmodian varios versículos coránicos en voz alta (subh, maghrib e ishâ) y en voz baja (zuhr, asr) y en particular la fatiha, la primera sura del Corán.

— Cada oración comporta un cierto número de ciclos: 4 para zuhr, asr e ishâ, 3 para maghrib y 2 para subh. Un ciclo comprende principalmente tres posiciones sucesivas, la posición de pie erguida (qyam), la inclinación (rukû) y la prosternación (sujûd), seguida ella misma de una segunda prosternación.

— La plegaria se termina por una salutación efectuada en posición sentada sobre los talones, después de la recitación en voz baja del tashahud (fórmulas recitadas por el profeta del islam cuando alcanzó el punto álgido de su viaje nocturno).

Faouzi Skali es antropólogo y director del Festival (anual) de Fez de Músicas tradicionales del Mundo. Es autor de La vía sufí , Huellas de luz y la Faz de los corazones (en Albin Michel). También de la traducción del árabe al francés del libro Futuwwah de Al-Sulami (traducido al castellano por la editorial Paidós), al que añade una espléndida introducción en la que se destaca igualmente la importante labor providencial de René Guénon no sólo con respecto a las formas iniciáticas occidentales, sino también orientales como el sufismo, al que estaba integrado en la rama Shadiliya. Junto a Eva de Vitray Meyerovich ha consignado a Jesús en la tradición sufí. Igualmente, es miembro activo de la Tariqa Qadiriya del clan Butchichiya del este de Marruecos con sede en Madagh.
Traducción del francés de Manuel Shuhud.

EXTRACTO: EL TRATADO DE LAS LUCES. IBN ARABI.






Conoce, generoso hermano, que los caminos son múltiples y los caminos del Real [al-Haqq, uno de los Nombres de Allah], singulares y los viajeros por el camino del Real únicos. Aunque el sendero del Real sea uno, tiene aspectos diferentes de acuerdo a las circunstancias de quienes lo siguen, es decir, según la moderación de sus temperamentos o su aberración, la intensidad de la constancia de sus motivaciones, la fuerza de su espiritualidad o bien su debilidad, la rectitud o declinación de su voluntad, lo correcto o incorrecto de sus pasos. Entre ellos los encontrarás que integran todos los aspectos o bien cuentan con sólo algunos, y así hallarás quien posee una notable espiritualidad pero que no le acompaña el temperamento adecuado y así el resto.

Te es imprescindible saber lo que el Real desea de ti (...) para que tomes la iniciativa sin demora ni fatiga.

EL MAESTRO QUE NADIE ADVIRTIÓ

¿Quién es el Sheikh Hassan Dyck?

Entrevistas - 19/03/2010 7:24 - Autor: Cicco - Fuente: hipercritico.com


Vino AC/DC. Vinieron los muchachos de Coldplay. Vino Julio Iglesias y vinieron las estrellas del reggaeton. Toda esa gente vino a la Argentina y fue sensación. Los medios le dieron espacios abismales y los recibieron con bombos y platillos. Sin embargo, estuvo de gira por la Argentina y Chile hasta hace poco, un hombre de barba blanca y turbante, un señor solitario, en apariencia frágil, y que va por todo el mundo tocando su cello y contando historias. Si no fuera porque alguien te lo recomendó, o tenés curiosidad por Oriente, o no sentís prejuicio alguno y aún creés que, detrás de un turbante y una barba, se puede esconder un maestro, entonces, quizás te enteraste quién es el Sheik Hassan Dyck. Porque, si fuera por los medios, salvo excepciones, este hombre hubiese atravesado nuestro país como un sueño.

Sheikh: así llaman a sus maestros los sufis, el camino místico del Islam que entiende que todo parte y concluye en Dios. Se dice que el sufismo concentra la esencia de todas las religiones. Defienden a Muhammad. Pero también a Jesús y a los patriarcas del Antiguo Testamento. Los sufis cultivan el buen carácter, se inclinan por el amor incondicional y consideran la música, como el mejor trampolín para acercarse a Dios. Hassan Dick, seguidor del gran Sheik Mawlana Nazim Al Haqqani, a quien llaman en Europa “el mago de la música” es una prueba viviente de cómo se puede ser humilde, se puede ser agudo, se puede ser un gran artista y, además, se puede ser un maestro sufi. “Él quizás está en este mismo cuarto”, dicen los que lo conocen, “y es tan sencillo que nunca notarías su presencia. Sólo abre la boca si tiene algo importante para aportar, si no, prefiere callar”.

Si escuchás por primera vez su música, lo más probable es que sientas cierta incomodidad. No es música de cuna. No es música de Coldplay. No es música para bailar en el boliche. El Sheik culmina sus shows con mantras y palabras sagradas en árabe, y, si te quedás afuera, si no cantás con él, lo más probable es que te parezca una locura absoluta. Pero, si dejás tu oído de radio FM a un lado, si cantás, tal vez encuentres que su música te lleve adonde él quiere. Y creeme: si eso sucede, vas a amar a este hombre.

Con un pie en el aeropuerto de Ezeiza, el Sheik contestó siete preguntas. Se tomó su tiempo, respiró hondo y expuso por qué el Islam, más que una amenaza, puede ser el mejor camino para acercarse a Dios.

–¿A qué edad se hizo sufi?

-Entré al sufismo el día que nací, porque como dijo el Profeta Muhammad todo ser humano nace musulmán, que quiere decir, alguien completamente rendido a la voluntad de su Señor. Y nuestro camino se trata de rendirnos a la voluntad de nuestro Señor, dejar nuestro ego y rendirnos. Luego, al tiempo de nacer, quizás se te educa de una forma distinta, por ejemplo, en mi caso yo he sido educado como cristiano, y tomé este camino, por decirlo así, a los 29 años. Y cambió mucho, cambió mucho, podría decir que fue como la noche y el día, primero viene la noche y luego el día, primero la oscuridad y luego la luz.

-Cuéntenos, ¿por qué el Islam tiene tanta mala imagen en Occidente?

-La mala imagen del Islam tiene que ver por un lado con cuestiones políticas. Cuestiones políticas y poderes negativos, de gente muy codiciosa que quiere meterse todo el mundo material en sus bolsillos. Y el Islam es el único poder en este mundo que ellos ven como una amenaza. Solo el Islam puede salvar al mundo de la completa destrucción de estos tiempos. Decimos, por ejemplo, que tomar solo una regla del Islam puede salvar al mundo. Por ejemplo, eliminar los intereses. Imagínense, los intereses hoy están empobreciendo a la gente, endeudando a los países. Si eliminas los intereses mucha más gente estaría feliz y en paz, y salvarías a cien mil personas que cada día mueren de hambre. Esto es un asesinato.

Y, por otro lado, esta mala imagen del Islam, tiene que ver con errores dentro de la comunidad musulmana, especialmente de cierta gente extremista, que han sido mayormente educados en la doctrina wahhabi. Es una doctrina que solo tiene doscientos cincuenta años, originada en un hombre llamado Abdul Wahhab, que vino a intentar negar o modificar lo que venían sosteniendo los eruditos musulmanes por dos mil quinientos años. Esta gente extremista, quisieron inventar algo nuevo y negaron el sufismo. Y el sufismo busca cambiar el carácter del ser humano. Y el Profeta vino por esta razón, para cambiar el carácter del ser humano. Y esta gente niega a los santos, a los maestros. Por esta razón han perdido el buen comportamiento, y se han volcado al fundamentalismo, al fanatismo, y cometen atentados suicidas, que es algo absolutamente prohibido. En el Islam está prohibido inclusive matar sin razón a una hormiga. Pero ellos manipulan las sagradas escrituras para tomar lo que ellos quieren.

-¿Le parece bien que el presidente Obama haya recibido el Nobel de la paz?

Me sorprendió mucho, porque parece una ironía. Porque no existe un país en la historia que haya llevado adelante tantas guerras como ese país. Y él es el presidente de ese país, por eso digo ¡es un chiste! Podríamos decir, bueno, él intentó llevar adelante ciertos diálogos, pero ¿Dónde están los resultados? ¿Alguien ha visto los resultados?

-Para alguien que no sabe qué es ser sufi, ¿en qué diría que se distingue de otros caminos espirituales?

-La diferencia es la misma que hay entre un auto bueno y un auto lento. O la diferencia que hay entre un cohete y un burro. Porque el sufismo es la esencia de todo camino esotérico. El sufismo no es algo nuevo. Un santo dijo: la semilla del sufismo fue sembrada en el tiempo de Adán, el florecimiento del sufismo fue en el tiempo de Jesús, la paz sea con él, y los frutos del sufismo fueron tomados en el tiempo del Profeta Muhhamad, la paz sea con él. Siempre hubo sufismo, porque el sufismo es el camino del ser humano para encontrar a su Señor. Uno viene de su Señor, aparece en este mundo, vive su vida, corta vida, y retorna a su Señor. Su alma vuelve a los Océanos de misericordia de su Señor. El sufismo trabaja en la Unión de estas realidades, en la conexión con los cielos, conexión con Dios. Y esto se logra a través del buen carácter, respetando a todos, siendo amable con todos, ser paciente para cargar las malas características de los demás, rezar a tu Señor, incrementar tu fe, porque cuanto más fuerza espiritual tengas, mejor te vas a comportar con la gente. Y el sufismo es perfecto. A todos los caminos podés encontrarlos en el sufismo. No hay camino espiritual que no esté contenido en el sufismo.

-¿Es posible amar a los enemigos?

-Por supuesto. Es lo que han hecho los profetas. Los ciento veinticuatro mil profetas que Dios ha enviado como mensajeros para mostrar su camino hacia Él han hecho esto.

Es difícil para la gente común, pero los profetas lo mostraron. Jesús, la paz sea con él, dijo: si alguien te pega, muéstrale la otra mejilla. Así fue en el tiempo de Jesús y también en la primera época del profeta Muhammad, la paz sea con él.

Luego el Profeta Muhammad recibió la orden divina de defenderse a sí mismo.

Si una víbora te ataca podés matarla, o si viene un loco y amenaza a tu familia debés defenderte. Así es en el Islam. Pero, al mismo tiempo, en el sufismo decimos que, verdaderamente, no hay enemigos afuera de uno. Por lo tanto, en ese caso la pregunta pierde sentido. Por eso los Profetas tenían ese inmenso corazón, porque comprendieron que no tenían enemigos, que es una ilusión creer que el enemigo está afuera de uno. No hay enemigos afuera de uno, es una ilusión. Una ilusión que Satán, el demonio, planta en tu corazón.

Tenemos cuatro enemigos y están todos en nuestro interior. El primero de esos cuatro enemigos es el demonio, que todos tenemos dentro, y es el que te hace creer que tenés enemigos afuera. Te alimenta con ilusiones y pensamientos equivocados.

Segundo, tu ego, que te hace correr detrás de sus deseos, que quiere todo, y se vuelve un mounstro, porque es envidioso, codicioso, iracundo, orgulloso y además es un tirano.

Causa problemas en uno mismo y en los demás. Así es el ego sin control. Un gran enemigo. El mayor enemigo.

El tercer enemigo es el amor excesivo por este mundo, el amor excesivo por lo material, lo que lleva a tu ego a querer tenerlo todo. Ese es otro enemigo.

Y, finalmente, tus inagotables deseos, de la mañana a la noche tenemos una fuente inagotable de deseos y más deseos. Este es otro enemigo.

Porque, finalmente, debes dejar tus deseos por el deseo de tu Señor. Esos son los cuatro enemigos que tienes. Otro enemigo no tienes. Y, si vemos algo malo en alguien no decimos: esa es una mala persona. Decimos: él está ahora cargando una maldad. Pero, de un momento a otro, quizás Allah lo cambie, lo haga mejor. Pero no decimos esa persona es mala.

-¿Por qué se hizo músico?

-No me siento un músico. O sea, toco música, aprendí música, mi madre era cantante de ópera y yo estudié música y fue mi profesión por algún tiempo. Pero yo no me siento un músico, sino que nosotros utilizamos la música como un medio, un medio para experimentar realidades espirituales. Ese es el mensaje de nuestra música. Experimentar nuestra espiritualidad.

Por ejemplo nosotros llamamos a nuestros encuentros conciertos, porque es la palabra más conocida para la gente. Pero en tiempos antiguos estos encuentros eran llamados Samá. Este era el nombre que usaba el gran santo y poeta Jalaludin Rumi para sus sesiones de música. Samá significa “el que escucha” y nuestros encuentros son encuentros para escuchar. Antes que todo está la escucha. El origen de la palabra Samá está en uno de los 99 preciosos nombres de Allah, el Creador. Uno de esos 99 nombres es Sami, el que todo lo escucha. Y la condición para el Samá es que el intérprete debe conectar su corazón con la realidad espiritual de su maestro, con el corazón de su maestro. Y, a través de esa conexión, llega la inspiración de lo que es necesario para la audiencia. Es una conexión muy fuerte con la audiencia.

Es por ello que Rumi dijo: El que toca es el que escucha y el que escucha es el que toca.

Porque el maestro, a través de sus secretos espirituales, envía a cada corazón, a través del intérprete, lo que cada corazón necesita. Nuestro maestro se llama Muhammad Nazim al Haqqani, tiene 87 años y vive en Chipre. Por lo tanto todos escuchamos, somos todos oyentes. Y hay un mensaje, el mensaje es que cada uno despierte, despierte en esta vida. Como dijo el Profeta Muhammad, la paz sea con él: “muere antes de morir”.

-¿Cuál son las tres lecciones más importante que aprendió en su vida?

- Si estás despierto, consciente, todo es una lección. Por ello el Profeta Muhammad, la paz sea con él, dijo que aprender es una obligación. En el Islam tenemos una diferencia entre lo que es optativo, recomendable y lo que obligatorio. Cosas que debes hacer y cosas que podrías hacer, que son voluntarias. Y el dijo: Para el ser humano es obligatorio aprender desde el comienzo hasta el fin. Por ejemplo, un bebé aprende muchísimo. Todo el tiempo está aprendiendo. Luego, cuando crece, debe aprender concientemente, darse cuenta que cada cosa es un aprendizaje. Y, si mira con sabiduría, va a saber tomar el aprendizaje de cada situación. Y nuestro maestro dice: No debes mirar sin sabiduría nunca. Si miras algo sin conciencia te estás equivocando. Usa los ojos que Dios te dio con sabiduría, Usa los oídos que Dios te dio con sabiduría, usa la lengua que Dios te dio con sabiduría, para cosas buenas, no para cosas malas. Usa el corazón que Dios te dio con un buen propósito, usa la mente que Dios te dio para cosas buenas. Úsalas con sabidurías. Y vas a encontrar infinita sabiduría. Por eso, si debo hablar de situaciones no sabría por donde empezar. Este momento es una lección, cada momento es una lección, en todos lados.

LA MIRADA DE UN SUFI A TRAVÉS DE LA MÚSICA



"Hay una música, dicen, en el mundo invisible. Se podría decir música universal, o música angelical, la que sólo escuchan los de corazón puro"
Autor: Mariana Guzzante
Fuente: Diario Los Andes


Sheikh Hassan Dyck mira el mundo a través de la sabiduría sufí, del Islam y también de una ventana a la belleza de Allah: la música.

Está en viaje y, en una pausa de silencio, de pronto asoma por nuestra ciudad con su larga barba blanca, su chilaba y su cello, para brindarnos uno de aquellos conciertos que expanden el rumor de sus nombres : ‘el Mago de la Música’, el ‘Buen Sirviente’.

Más allá, está su camino: alemán de nacimiento, musulmán por elección, cellista por aprendizaje, no hay horizonte más abierto que el de su rastro hindú y su flamante carrera musical europea. Aunque no es el inmenso repertorio que la nutre lo más interesante del Sheikh sino su experiencia esencial.

Entonces... ¿cuál es su concepción de la música? “Escuchar”, desliza en principio. Y expande: “Hay una música, dicen, en el mundo invisible. Se podría decir música universal, o música angelical. Pero sólo algunos pueden escucharla, los que tengan el corazón completamente puro, como un maestro. Un santo".

"Tratamos de escuchar la inspiración no sólo con este oído sino con el oído interno. El estilo de la música es secundario. Es más importante que el que toca y el que escucha alcancen durante el concierto este tipo de concentración, donde todos están escuchando. Rumi dijo: "el que toca es el que escucha y el que escucha es el que toca”.

Así lo entiende el alemán que alguna vez fue cómico de cabaret. Un iniciado que ha sabido celebrar al humor como “uno de los más bellos atributos de Dios”.

Y nos abisma en la sintonía cósmica y el enlace compartido: “las piezas musicales parten de una nota base, como es en la música de escalas. En India son Ragas, en Irán Dasca, en Medio Oriente se dice Maqam. Para una pieza musical usamos una escala y cada nota refiere a la nota base.

Si conocemos algo de esto podemos usarlo para crear estados de ánimo, los cuales son útiles para ubicar a todo el público en un estado espiritual determinado. Y así el que escucha quizás esté abierto a manifestaciones divinas. De modo que la actividad es absolutamente mutua... El que toca y el que escucha no saben lo que viene, hay mucha improvisación, y todos comparten- si el resultado es bueno – una buena experiencia.

Luego, en la segunda parte de nuestro concierto, cantamos junto con la audiencia mantras y palabras divinas. Estas palabras tienen un efecto especial sumándose a la música, una vibración especial, un sonido especial, y lo cantamos en una frecuencia especial también. Es bueno para abrir y para alcanzar estados internos”.

¿Cuál es la situación ideal para esta sintonía?

La concentración. Que la gente esté concentrada, meditando sobre sí, y tengan un anhelo por el alimento para los corazones. Acorde a este anhelo, el concierto acontecerá. El que toca es sólo un medio.

Él está sostenido por su maestro, y todo lo que la audiencia pida en su corazón, eso vendrá del que toca, exactamente. Tanto como la audiencia pida, sale. Ésa es la situación ideal. Deberían estar hambrientos, no comer... -bueno, se puede comer algo (risas)-, pero estar espiritualmente hambrientos.

Cuanto más pidan, más vendrá. Entonces debemos velar por nuestro estado. Es importante para el que toca el conectar con su maestro, y tanto como sea posible, mantener a su ego a un lado. En nuestro caso, el maestro se llama Sheikh Muhammad Nazim al Haqqani, quien vive en Chipre. Si él envía, nosotros recibimos. En síntesis, la situación ideal es confiar en las inspiraciones...

¿Qué revelaciones musicales y espirituales han marcado tu camino como artista?

Lo que más me ha marcado como músico fue un viaje a India, a los 21 años. Fui allí para enseñar música occidental, pero resultó que ellos me enseñaron música oriental. Tienen un concepto completamente distinto de la música y de cómo ejecutarla.

Es idéntico a lo expresado en el Islam y el Sufismo. Creemos que venimos de los Océanos Eternos de Creador, donde fuimos creados. Estábamos allí, todas las almas. Luego aparecemos en este mundo, vivimos una vida y al final, volvemos a los Invisibles Océanos de Allah. Todo en la creación es así. Viene de lo Divino y vuelve a El. Estamos aquí para mostrar la Belleza y los atributos Divinos de Allah. Esa es la razón, mostrar la belleza de Dios.

Esto fue para mí muy importante, y esta experiencia influenció nuestra música.

¿En qué consiste el concierto que te trae a Argentina, “La Caravana del amor. Música y cuentos de la Mística Sufí”?

“La Caravana del Amor”... es la caravana del amor. Indica, como dijo el Profeta Muhammad (la paz sea con él), que nuestra vida en esta tierra es un viaje. O menos que un viaje. Nuestras almas están viajando, aún antes de llegar a este mundo y después de este mundo. El profeta (sws) dijo que esta vida es un descanso... Es corto, muy corto. En la caravana del amor decimos que tú no deberías viajar solo.

Hay un dicho en árabe: “los amigos están antes que el viaje”. Si tienes que elegir entre con quién vas y por dónde vas, es más importante elegir con quién que por dónde. En otras palabras, si tienes un camino corto y uno largo, y en el largo tienes buena compañía, elegís el largo en lugar del corto. Porque el camino no está exento de peligros. También hay un líder en la caravana, que resulta ser el Sheikh. Y el viaje significa que finalmente quieres llegar al rey.

Estamos tratando de encontrar el amor, ésa es nuestra intención. A veces es difícil, hay pruebas, a veces es fácil. Finalmente no es el ser humano el que decide, sino Dios. Está escrito en el Sagrado Corán: “Él los ama y ellos lo aman a Él”. Primero Dios Te Ama, y a través de ese amor, ellos son capaces de amar. Eso es lo que tratamos de hacer, la caravana está abierta, todos pueden sumarse a ella. Para no viajar solo, sino en buena compañía.

Definitivamente hay motivos para entrar a “La Caravana del Amor” (Muhabbat Caravan) y seguir su ruta de conciertos y conferencias por Sudamérica desde hoy hasta el 24 de febrero. Y hay, pues, un público que se hermana con su mantra.

KITAB AL-HIKAM, CAPITULO IV. EL LIBRO DE LA SABIDURÍA DE AHMAD IBN ATA´LLAH

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27
¡Qué distancia entre el que prueba por El
y el que pretende probarle!
El primero reconoce la verdad donde la ve
y lo afirma todo
por la existencia de su principio.
El segundo, al dar pruebas de Allah,
demuestra cuan lejos se halla de El.
Si no, ¿desde cuando está El ausente
para que haya que probarle?
¿O desde cuando está lejos
para las criaturas que vienen a El?


28
"Que el que viva en la abundancia,
gaste según su abundancia" (Qur'an, 65, 7):
éstos son los que han llegado a El;
"y el que haya recibido con medida" (Ibíd.)
son los que todavía caminan hacia El.
A éstos últimos les guían
las luces de la orientación,
mientras que los primeros poseen
las luces del cara a cara.
Aquéllos van por las luces.
A éstos las luces les vienen,
pues pertenecen a Allah y nada más:
"Di: Allah, y deja que se entretengan
con sus discusiones" (Qur'an, 6, 91
).

KITAB AL-HIKAM, CAPITULO III. EL LIBRO DE LA SABIDURÍA DE AHMAD IBN ATA´LLAH

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16
Agota toda ignorancia
quien pretende que en el instante actual
suceda cosa distinta de la que Allah manifiesta.


17
Aplazar tus obras para cuando seas libre
es hacer sacrificios a las inclinaciones del alma.


18
No pidas a Allah que te saque de un estado
para utilizarte en otro.
Si quisiera te utilizaría sin cambiarte de estado.


19
Jamás buscador alguno detuvo su ambición
en lo que ya le había sido revelado
sin oír al momento las voces de la verdad:
¡El que tú buscas está aún más allá!
Y aunque la apariencia de las criaturas te deslumbre
con la magia de sus lentejuelas,
su realidad profunda te grita al instante:
"Somos una tentación, no seas perjuro" (Qur'an, 2, 102).


20
Pedirle algo es pensar mal de El.
Buscarle es estar en Su ausencia.
Buscar a otro es carecer de pudor para con El.
Y pedir a otro ¡ya es estar muy lejos de El!


21
No exhalas un soplo
sin que en ti se cumpla uno de Sus decretos.


22
No estés esperando a que cesen (en ti) las alteraciones,
pues entonces, en el estado en que El te pone,
no estarías atento a El sólo.


23
Mientras permanezcas en este bajo mundo,
que no te extrañen las tribulaciones:
sencillamente revelan qué atributos se merece
y cómo se le debe calificar.


24
¡Nada de lo que pretendes obtener por tu Señor es imposible!
¡Nada de lo que quieres obtener por ti mismo es fácil!


25
Este es signo del éxito final:
regresar al Allah en los principios.
Aquél cuyos principios sean iluminados,
iluminado también será su final.


26
Lo que ha sido depositado invisible en las conciencias,
se transparenta en el testimonio de las apariencias.

TRES CUENTOS DE SADI



Sadi de Shiraz

Extraídos de su obra Gulistán



CUENTO PRIMERO

Un dervishe que había hecho voto de soledad se había retirado a un desierto cuando pasó un rey con su séquito. El dervishe, que se hallaba en estado de meditación contemplativa, no levantó la cabeza, ni siquiera se percató del cortejo. El monarca, aunque estaba de buen humor, se irritó contra él y dijo:

- Estos que visten el manto andrajoso son brutos como los animales y carecen de educación y humildad.

El visir reprendió al dervishe diciendo:

- ¡oh, dervishe! El sultán de toda la tierra acaba de pasar. ¿No vas a rendirle homenaje como es debido?

El dervishe respondió:

- Que el sultán busque homenajes en aquellos que esperan beneficiarse de su buena voluntad. Dile, además, que los sultanes se crearon para proteger a sus súbditos, y no los súbditos parea servir a los reyes.

El rey quedó asombrado por la sabiduría del dervishe y dijo:

- Pídeme un deseo.

El dervishe respondió:

- Lo que deseo de ti es que no vuelvas a molestarme.

- Dame pues algún consejo –dijo el rey.

El dervishe contestó:

- Ahora que tienes entre las manos el poder y la soberanía, recuerda que pasan de mano en mano.

El rey es el guardián de los pobres aunque su reino sea espléndido. Las ovejas no son para el pastor, sino que el pastor está para cuidar a las ovejas. Si ves a un hombre afortunado, investiga a ver quién es desgraciado por su causa. Espera unos días y el polvo habrá consumido el cerebro. La diferencia entre soberanía y servidumbre no dura indefinidamente. Cuando se haya cumplido el decreto del destino y exhumen las cenizas de los muertos, ¿cómo distinguirás las del pobre de las del rico?


CUENTO SEGUNDO

Un monarca injusto preguntó a un hombre justo que acto de piedad le recomendaba.
El respondió:

- Vuestra siesta, señor, pues durante ese breve tiempo el pueblo está libre de vuestra tiranía.

Vi a un tirano durmiendo y pensé: ‘Sería mejor que durmiera siempre’. Cuando un hombre es mejor dormido que despierto, está mejor muerto que vivo.


CUENTO TERCERO

Llegó a Bagdad un dervishe cuyas du’a eran escuchadas por Allah. El gobernador Hayyay Yusuf, un conocido tirano, fue informado de su llegada, le llamó y le dijo:

- Haz una du’a por mí.

El dervishe así lo hizo:

- Allah, quítale la vida a este hombre.

- Subhanallah –gritó el gobernador- ¿Qué clase de du’a es ésta?

El dervishe replicó:

- Es una du’a por ti y por los musulmanes. Porque tu muerte los liberará de tu tiranía y tú serás liberado de futuros desatinos.

¡Oh, vosotros que atormentáis a vuestros súbditos! ¿Por cuánto tiempo podréis reinar? ¿De qué os sirve vuestro poder? Más os conviene la muerte que la tiranía.


EL SUFISMO EN EL ISLAM TRADICIONAL.





Tal vez el mayor desafío para aprender correctamente Islam hoy día es la escasez de ‘ulama (sabios tradicionales). A este respecto Bujari narra un hadiz auténtico del Profeta (s.a.s.) que dijo, “En verdad, Allah no hace desaparecer el Conocimiento Sagrado arrebatándoselo a sus siervos, sino arrebatando las almas de los sabios, hasta que llega un momento en el que Él no deja ni un solo sabio, y entonces la gente toma como líder a los ignorantes, a quienes se le solicitan veredictos legales y dan veredictos legales islámicos sin conocimiento alguno, están en el error y conducen al error” (Fath al-Bari 1.194, hadiz 100).



El proceso descrito por el hadiz aún no se han completado, pero sin lugar a dudas que ha comenzado, y en nuestros tiempos, la ausencia de sabios tradicionales en leyes islámicas, en hadiz, en tafsir, ha dado lugar a una comprensión del Islam lejos de la realidad y de la verdad. Por ejemplo, en el transcurso de mis estudios en Islam, mi primera impresión derivada de los orientalistas y de la literatura de los reformistas musulmanes, fue la de que los Imames de los diferentes madhabs (escuelas de fiqh) habían estipulado una serie de reglas al margen completamente de la tradición islámica y que luego se las habían impuesto al resto de los musulmanes. Pero cuando me senté con tradicionalistas de Oriente Medio y les pregunté acerca de estos temas, llegué a un punto de vista totalmente diferente, entendiendo como habían deducido sus argumentos a partir del Corán y la Sunna.

E igualmente me sucedió con el Sufismo al hablar con los sabios del mismo, un nuevo punto de vista emergió dentro de mi diferente al que tenía tras mis estudios en Occidente.



En cuanto al origen del término Sufismo, al igual que otras muchas disciplinas islámicas, su término no fue conocido como tal por las primeras generaciones de musulmanes. El historiador Ibn Jaldun nos dice en su Muqaddima: “Este conocimiento es una rama de las ciencias de la Ley Sagrada que se originó dentro de la Umma. Desde el principio, el camino de tales gentes ha sido considerado también el sendero de la verdad y la guía por la primera comunidad de musulmanes y sus notables, los Compañeros y los seguidores de éstos últimos.



Básicamente consiste en la dedicación a la ‘ibada, la plena dedicación a Allah el Más Elevado, dando la espalda a los ornamentos del mundo, absteniéndose del placer, la riqueza y del prestigio buscado por la mayoría de los hombres y retirándose de la compañía para dedicase plenamente a la ‘ibada. Esta fue la regla general entre los Compañeros del Profeta (s.a.s.) y los primeros musulmanes, pero cuando el amor a las cosas mundanas empezó a desarrollarse con fuerza allá por el siglo segundo y la gente llegó a estar absorbidas por las cosas mundanales, aquellos que se dedicaron a la ‘ibada fueron llamados Sufíes o Gente del Sufismo.” (Ibn Jaldun, al-MUqaddima)



En las palabras de Ibn Jaldun, el contenido del Sufismo, “total dedicación a Allah el Más Elevado”, fue, “la regla general entre los Compañeros del Profeta (s.a.s.) y los primeros musulmanes”. Por tanto, si el término sufismo no existía en los primeros tiempos, no debemos olvidar que también este fue el caso de otras disciplinas islámicas, tales como el tafsir, la ciencia del hadiz, la ciencia del tawhid, todas las cuales han demostrado su valor e importancia a la hora de transmitir y preservar el contenido del Islam.



En cuanto al origen del término Sufí parece ser anterior al de propio Sufismo y las primeras noticias que tenemos del mismo se remontan a Hasan al-Basri quien murió 110 años después de la Hégira quien dijo, “Vi a un sufi circunvalando la Ka’aba, le ofrecí un dirham, pero no me lo aceptó.”



Por tanto, para entender el sufismo tal vez debamos preguntarnos ¿qué es un sufi? Y quizás la mejor definición tanto del sufi como de su camino, muchas veces citada por los maestros del sufismo, sea la dada por la Sunna del Profeta (s.a.s.) quien dijo: “Allah el Más Elevado dice: “Aquel que se enemista con uno de Mis amigos, Yo le declaro la guerra. No hay nada más amado para Mi que mi esclavo se Me acerque con aquello que Yo le he estipulado como obligatorio; Mi esclavo no deja de acecárseMe con los actos voluntarios hasta que Le amo. Y cuando Le amo, soy el oído con el que oye, los ojos con los que ve, la mano con la que agarra y los pies con los que anda. Si Me pide, Le otorgo, si busca refugio en Mi, le protejo” (Fath al-Bari, 11.340-41, hadiz 6502)



Este hadiz ha sido narrado por el Imam Bujari, Ahmad ibn Hanbal, al-Bayhaqi y otros con múltiples cadenas sin interrupción tratándose entonces de un hadiz sahih. Este hadiz nos descubre el punto central del sufismo, que es precisamente el cambio, a la vez que describe la senda hacia este cambio, en conformidad con una definición tradicional usada por maestros de Oriente Medio, quienes definen al sufi, como “un hombre de sabiduría en el Islam quien al poner en práctica lo que sabe, Allah le recompensa con el conocimiento que aún no sabe.”



Para aclararnos, un sufi es un hombre de conocimiento, porque el hadiz dice, “No hay nada más amado para Mi que mi esclavo se Me acerque con aquello que Yo le he estipulado como obligatorio”, y solo a través del estudio puede el sufi conocer la orden de Allah, es decir lo que Allah ha hecho obligatorio para él, como dice el hadiz, además aplica y practica aquello que ya sabe no dejando de aproximarse a Allah hasta que Éste le colma con el conocimiento de lo que aún no sabe y entonces ocurre que “Y cuando Le amo, soy el oído con el que oye, los ojos con los que ve, la mano con la que agarra y los pies con los que anda”, metáfora que pone de manifiesto la clara conciencia de tawhid, que en el contexto de las acciones humanas, tales como la audición, la vista, el agarre o el caminar, consiste en la realización de la palabras coránicas de Allah cuando dice, “Él es quien os ha creado a vosotros y a vuestras acciones” (37:96).



Por tanto, el origen del sendero del sufismo radica en la Sunna profética. La sinceridad hacia Allah que ello implica era la regla entre los primeros musulmanes, para quienes esto era un estado de conciencia sin nombre, hasta que la mayoría de la comunidad de musulmanes se apartó del tal estado de conciencia y entonces adquirió naturaleza de disciplina aparte. Los musulmanes que siguieron ya tuvieron que realizar grandes esfuerzos para recuperar de nuevo aquel estado de conciencia y así fue como apareció la nueva disciplina bajo el término de sufismo.



Si esta es la verdad de sus orígenes, la cuestión relevante es: ¿cuán importante es el sufismo para el Islam?, y ¿dónde encaja dentro del Islam como una unidad?, tal vez la mejor respuesta sea el hadiz de Muslim, narrado por Umar ibn al –Jattab quien dijo: “Cierto día estábamos sentados con el Profeta (s.a.s.) y vimos aproximarse un hombre envuelto en una ropa de un blanco puro y de cabellos oscuros con signos de haber viajado, aunque nadie de nosotros le conocía. Se sentó frente al Profeta (s.a.s.) encogiendo sus rodillas, reposando sus manos sobre sus piernas y dijo, “Muhammad, dime que es el Islam”, el Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo, “Islam es testificar que no hay otra realidad que Allah y que Muhammad es el Mensajero de Allah, realizar el salat, pagar el zakat, ayunar en Ramadan y realizar la peregrinación a la Casa de Allah si se puede.” Y el personaje dijo: “Has dicho la verdad”, y nos quedamos sorprendidos de que preguntara y que luego confirmara lo dicho. Después dijo: “Dime que es el Iman”, y el Profeta (s.a.s.) dijo: “Es creer en Allah, Sus ángeles, Sus Libros inspirados, Sus mensajeros, el Último Día y en Su destino.” Y Él volvió a repetir, “Has dicho la verdad”, luego dijo: “Dime que es el Ihsan” a lo que el Profeta (s.a.s.) contestó: “Es realizar la ‘ibada (someterse) hacia Allah como si Le vieras, pues si no Le ves, Él te ve.”



El hadiz continúa diciendo Umar:



“Luego el visitante se marchó, pasó largo tiempo y el Profeta (s.a.s.) me dijo: ¿Sabes Umar quién era?, yo le contesté, Allah y Su Profeta lo saben”, y el Mensajero (s.a.s.) dijo, “Era Gabriel, quien vino a enseñarte tu Din.” (Sahih Muslim, 1.31: hadiz 8)



Se trata de un hadiz sahih, descrito por el Imam Nawawi como uno de los hadices sobre los cuales se fundamenta el Islam. Este hadiz implica que el Islam está compuesto de tres pilares fundamentales descritos en el hadiz: Islam, o realización práctica de lo que Allah nos pide; Iman, o creencia en aquello que no pueden ver los ojos y de lo cual nos informaron los profetas; e Ihsan, o dirigirse hacia Allah como si Le vieras. El Corán dice en la sura de Maryam, “En verdad Hemos revelado el Recuerdo, y en verdad lo preservareMos” (15:9)



Sin reflexionamos como Allah, en Su sabiduría, ha realizado esto, vemos que lo ha hecho a través de seres humanos, los sabios tradicionales que Él ha enviado para cada nivel dentro del Islam.



El nivel del Islam ha sido preservado y continuado por los imames de la Shari’a y sus disciplinas; el nivel del Iman ha sido y es preservado por los imames de la ‘Aqida o fundamentos del corpus islámico; y el nivel del Ihsan es preservado por los imames del Sufismo.



Las palabras del hadiz “someterse a Allah” nos demuestra la interrelación de estos tres niveles fundamentales, pues el “como” del sometimiento (‘ibada) solo puede ser conocido mediante las prescripciones externas del Islam, mientras que la “validez” de este sometimiento exterior a su vez presupone el Iman en Allah y en la revelación islámica, sin los cuales el sometimiento exterior (‘ibada) no son mas que movimientos vacíos; por otra parte, las palabras “como si Le vieras”, demuestran que el Ihsan implica un cambio en el ser humano, pues lleva implícito la experiencia de la que la mayoría de nosotros no tiene conocimiento.

Por tanto, para entender el Sufismo debemos mirar la naturaleza de este cambio en relación tanto al Islam como al Iman.



Al nivel del Islam, decimos que el Sufismo requiere del Islam mediante el “sometimiento a las leyes reveladas”, pero de igual forma el Islam necesita a su vez del Sufismo. ¿Por qué?, pues por la sencilla razón de que la sunna que se nos ha impuesto seguir a los musulmanes no consiste solo en las “palabras” y “acciones” del Profeta (s.a.s.) sino también en sus “estados”, estados del corazón tales como taqwa (conciencia de la presencia de Allah), ijlas (sinceridad), tawakkul (confianza en Allah), rahma (misericordia), tawadu’ (humildad), etc.

Ahora bien, es característico de la ética islámica que las acciones humanas so se dividan en dos categorías morales, lo bueno y lo malo, sino en cinco, de acuerdo a sus consecuencias en la próxima vida. Lo “obligatorio” (wayib) es aquello cuya realización es recompensada por Allah en la próxima vida y cuya no realización implica unas consecuencias negativas para el hombre en la próxima existencia. Lo “recomendado” (mandub) es aquello cuya realización es recompensada pero su no realización no conlleva consecuencias negativas para el hombre. Lo “permitido” (mubah) es indiferente, no relacionado ni con recompensación ni con repercusión negativa. Lo “detestado” (makruh) es aquello cuya no realización es recompensada pero su realización no conlleva estados negativos para el ser humano. Lo “ilícito” (haram) es aquello cuya no realización es recompensada y cuya realización conlleva repercusiones negativas si uno muriese repentinamente.



Los estados humanos del corazón, tanto el Corán como la Sunna lo dejan claro, entran dentro de cualquiera de los cinco apartados arriba descritos, sin embargo no son tratados en libros de Fiqh o jurisprudencia islámica, porque a diferencia del Salat, del Zakat o del Ayuno, no son cuantificables en términos de cantidades específicas que deban de hacerse, no obstante, y a pesar de no ser cuantificables son de la mayor trascendencia e importancia para todo musulmán. Veamos unos cuantos ejemplos.



1) Amor por Allah. En sura al-Baqara, Allah culpabiliza a aquellos que asocian algo a Allah de amarlo tanto como Allah, y dice, “Aquellos que creen son los mayores amantes de Allah” (2:165), condicionando ser creyente a amar a Allah más que a nada.



2) Misericordia. Bujari y Muslim relatan que el Profeta (s.a.s.) dijo, “Quien no se muestra misericordioso con la gente, Allah no tendrá misericordia con él”, (hadiz 2319) y Tirmidi relata un hadiz auténtico que dice, “La misericordia no es arrebatada de nadie excepto de los malditos” (hadiz 1923).



3) Amor mutuo. Muslim relata en su Sahih que el Profeta (s.a.s.) dijo, “Por Aquel en cuyas manos está mi alma, nadie de vosotros entrará en el Paraíso a menos que sea creyente, y ninguno de vosotros creerá hasta que no os améis mutuamente (hadiz 54)



4) Presencia de la mente durante el Salat. Abu Dawud relata en su Sunan que ‘Ammar ibn Yasir escuchó del Profeta (s.a.s.) decir, “En verdad, cuando el hombre muere, tan solo se le registra una décima parte de sus salat, una novena parte, una octava parte, una séptima parte, una sexta parte, una quinta parte, una cuarta arte, una tercera parte, o la mitad de los mismos” (hadiz 796), queriendo decir que no todos los salat de una persona le cuentan excepto aquellos en que su corazón tiene presente a Allah.



5) Amor por el Profeta (s.a.s.). Bujari relata en su Sahih que el Profeta (s.a.s.) dijo, “Ninguno de vosotros llega a ser verdadero creyente hasta que yo le sea más querido que su propio padre, su hijo y que todas las demás gentes”. (Fath al-Bari, hadiz 15)



Está claro según estos textos que ninguno de los estados mencionados arriba, ya sea misericordia, amor o presencia del corazón, son cuantificables, pues la Shari’a no puede especificar si uno debe hacer “dos unidades de misericordia” o “tener tres unidades de presencia mental” al igual que puede determinar el número de raka’a que deben hacer en cada salat, y sin embargo cada uno de los estados mencionados son obligatorios para cada musulmán. Completemos el cuadro viendo algunos ejemplos de estados que son haram, es decir ilícitos:



1) Temor de otro que no sea Allah. Allah el Más Elevado dice en la sura al-Baqara del Corán: “Y cumplid Mi pacto: Y Yo cumpliré vuestro pacto. No temed sino a Mi solamente” (2:40), la última frase según el Imam Fakhr al-Din al-Razi “establece que el ser humano está obligado a no temer a nadie además de Allah el Más Elevado” (Tafisr al-Fakhr al-Razi, 3.42)



2) Desesperación. Allah el Más Elevado dice, “Nadie desespera de la misericordia de Allah salvo el incrédulo” (12:87), indicando de esta forma lo ilícito de este estado interior de conciencia asociándolo incluso con la peor condición humana posible, la del incrédulo.



3) Arrogancia. Muslim narra en su Sahih que el Profeta (s.a.s.) dijo, “Nadie que tenga un átomo de arrogancia en su corazón entrará en el Paraíso” (Sahih Muslim, 1.93 hadiz 91)



4) Envidia. Por este término se entiende el deseo de que otro pierda el bien que disfruta. Abu Dawud narra que el Profeta (s.a.s.) dijo, “Estad alerta de la envidia, pues la envidia consume las buenas acciones como el fuego consume la madera” (Sunan Abu Dawud, hadiz 4903)



5) Alardear en los actos de ‘ibada. Al-Hakim narra que el Profeta (s.a.s.) dijo, “El más ligero alarde en las buenas acciones es como si ofrecieras la ‘ibada a otro que no sea Allah…” (Al-Mustadrak ‘ala al-Sahihayn, 1.4)



Igualmente estos estados de conciencia interiores totalmente prohibidos en el Islam no se encuentran en los libros de jurisprudencia islámica, porque el fiqh solo se puede encargar de aquellos actos que no sean cuantificables. Sin embargo, las causas y los remedios de estos estados son analizados por los sabios del “fiqh interior” del sufismo, hombres tales como el Imam al-Gazali en su Ihya’ ‘ulum al-din, o el Imam al-Rabbani en su Maktubat, o al-Suhrawardi en su ‘Awarif al Ma’arif, o Abu Talib al-Makki en su Qut al-qulub, y otros maestros, discuten y solventan cientos de cuestiones éticas de la vida interior. Estos son libros de Shari’a y sus preguntas pertenecen al ámbito del Islam, de las formas lícitas o prohibidas de “ser” del musulmán.



¿Quién necesita tal información?, Todos los musulmanes, pues tanto el Corán como los hadices más auténticos señalan el hecho de que el musulmán no solo debe hacer o decir ciertas cosas, sino que también debe ser algo, debe alcanzar ciertos estados del corazón y eliminar otros. ¿Alguna vez hemos sentido miedo de otro que no sea Allah?, ¿tenemos una sola partícula de arrogancia en nuestros corazones?, ¿es nuestro amor por el Profeta (s.a.s.) mayor que el amor por cualquier otro ser humano?, ¿hay algo de alarde en nuestras ‘ibadas?.



Medio minuto de reflexión le bastará al musulmán para saber donde está en relación a su Din en estos aspectos, y por qué en los tiempos clásicos, ayudar a los musulmanes a conseguir esos estados no se dejaba en manos de amateurs, sino que se delegaba en los “sabios del corazón”, los sabios del sufismo islámico. Para la mayoría de la gente estas transformaciones no son fáciles de conseguir, debido a la fuerza de los hábitos, de la sutileza a veces con la que nos engañamos a nosotros mismos, pero sobre todo porque cada uno de nosotros tiene un ego, el ego, el Yo, que en árabe se denomina nafs, acerca del cual Allah dice en la sura Yusuf: “En verdad el ego siempre ordena hacer el mal” (12:53)



Si usted no lo cree, reflexione sobre el hadiz narrado por Muslim en su Sahih:



“La primera persona que será juzgada en el Día de la Resurrección será el mártir muerto en la batalla. Será presentado ante Allah, Allah le recordará Sus bendiciones y el hombre las reconocerá, mientras que Allah dirá, “¿Qué has hecho con ellas?”, y el hombre responderá, “Luche hasta la muerte por Ti”, Allah le responderá, “Mientes. Luchaste para ser un héroe, y lo conseguiste.” Entonces será sentenciado y arrastrado sobre su cara y arrojado al fuego.



Después será presentado ante Allah un hombre sabio en el conocimiento del Din, que enseñó a otros, y que recitaba Corán. Allah le recordará Sus obsequios y el hombre lo reconocerá y después Allah dirá, “¿Qué has hecho con ellos?” el hombre responderá, “Adquirí conocimiento en el Din, lo enseñé, y recité Corán, todo por Ti.” Allah dirá, “Mientes. Aprendiste para ser reconocido como un hombre sabio, recitaste Corán para ser llamado recitador de Corán, y en verdad todo esto se ha dicho de ti.” Entonces el hombre será sentenciado, arrastrado sobre su rostro y arrojado al fuego.



Luego será presentado ante Allah un hombre al que se le ha dispensado toda clase de obsequios, como riquezas varias, y Allah le recordará aquello con lo que le benefició, y el hombre lo reconocerá, y Allah le preguntará, ¿Qué hiciste con todo ello?, y el hombre responderá, “He gastado todo por amor hacia Ti”, Allah le responderá, “Mientes. Lo hiciste para ser reconocido como un hombre generoso y así te han reconocido los demás”, luego será sentenciado, arrastrado sobre su rostro y arrojado al fuego.” (Sahih Muslim, hadiz 1905)



No deberíamos tomarnos a la ligera estas cosas porque nuestro destino depende de ello: en nuestra infancia nuestros padres nos enseñaron a comportarnos de un modo elogiable o censurable, y para la mayoría de nosotros, esto condicionó y coloreó nuestra motivación a la hora de hacer las cosas. Pero cuando la infancia termina, y llegamos a la edad del Islam, el Islam nos deja claro, tanto por las palabras del Profeta (s.a.s.) como por sus hadices de que “El más ligero alarde en las buenas acciones es como si ofrecieras la ‘ibada a otro que no sea Allah…”, de que estar motivado por lo que otros piensen no es nada bueno, y de que debemos cambiar completamente nuestras motivaciones, que la única motivación sea Allah exclusivamente. La revelación islámica nos dice por tanto a los musulmanes que es obligatorio romper con estos hábitos de pensamiento y motivación, pero no nos dice como hacerlo. Para ello debe acudir a los sabios de los estados interiores de acuerdo con el imperativo coránico, “Preguntad a aquellos que saben si no sabéis” (Corán 16:43)



No hay duda alguna de que producir este cambio, la purificación de los musulmanes llevándolos hasta la sinceridad espiritual, fue uno de los objetivos centrales del Profeta Muhammad (s.a.s.) tal y como Allah dice en la sura Al ‘Imran, “En verdad Allah ha bendecido a los creyentes, pues Él ha enviado un Mensajero de entre ellos, quien les recita Sus signos y les purifica, y les enseña el Libro y la Sabiduría” (Corán 3:164)



Esta sura explícitamente detalla cuatro tareas de la misión profética, la segunda de las cuales, yuzakkihik, significa precisamente “purificarles” sin otro sentido lingüístico. Por lo tanto es evidente que esta función de enseñanza no puede, como parte de una revelación eterna, haber finalizado con el pase de la primera generación, un hecho que Allah confirma explícitamente en este versículo de la sura Luqman, “Y sigue el sendero de aquel que se vuelve hacia Mi” (Corán 31:15)



Estos versículos indican el papel instructor y transformador de aquellos que transportan la revelación islámica a los musulmanes, y la elección del término ittiba’, en el segundo versículo, que es más general, implica tanto la compañía como el seguimiento del ejemplo del maestro. Es por esto que en la historia del Sufismo, encontramos que a pesar de que han existido muchos métodos y escuelas de pensamiento, estas dos cosas nunca han cambiado: la compañía de un maestro, y el seguimiento de su ejemplo, exactamente de la misma forma en la que los Sahaba levantaron su espíritu y fueron purificados por la compañía del Profeta (s.a.s.) siguiendo su ejemplo.



Por esto la disciplina del Sufismo ha sido preservada y transmitida por Tariqas o grupos de estudiantes bajo la dirección de un maestro en particular, y así ha sido porque en primer lugar esta fue la sunna del Profeta (s.a.s.) en su función purificadora descrita por el Corán, en segundo lugar, porque el conocimiento islámico nunca ha sido transmitido exclusivamente por escritos solamente, sino por sabios a estudiantes, en tercer lugar, la naturaleza del conocimiento en cuestión es la del hal o estados de ser, no solo de conocimiento intelectual, lo cual requiere que tal conocimiento sea tomado a través de una sucesión de maestros vivos que se remontan hasta el Profeta (s.a.s.), pues el rango y número de estados del corazón requeridos por la revelación hacen de la imitación del ejemplo personal de un maestro el único medio efectivo de transmisión.



Hasta ahora hemos hablado del Sufismo con respecto al Islam como una ciencia dentro de la Shari’a necesaria para realizar plenamente el Mensaje de Allah en la vida del ser humano y alcanzar los estados del corazón demandados por el Corán y el hadiz. Esta conexión íntima entre Shari’a y Sufismo está expresada por la afirmación del Imam Malik, fundador de la escuela Maliki, quien dijo, “aquel que practica el Sufismo sin estudiar Shari’a corrompe su Din, mientras que aquel que estudia Shari’a sin la práctica del Sufismo se corrompe a sí mismo. Solamente aquel que combina los dos aspectos demuestra la verdad.” Por esto fue por lo que el Sufismo se enseñó como parte del currículum tradicional en las escuelas islámicas a lo largo de todo el mundo musulmán desde Malasia hasta Marruecos, por esto es por lo que grandes maestros de Shari’a han sido sufíes, y por esto fue por lo que hasta la caída del califato otomano y consecuente dominio de las potencias occidentales sobre el mundo musulmán a principios del siglo XX hubo maestros de Sufismo en todas las instituciones de enseñanza islámicas del mundo musulmán.



Pero hay un segundo aspecto del Sufismo del cual aún no hemos hablado; a saber, su relación con el Iman, el segundo pilar del Islam, que dentro del contexto de las ciencias islámicas consiste en la llamada ‘Aqida.



Todos los musulmanes tienen el conocimiento de Allah, y de que Él trasciende cualquier cosa concebible por la mente humana, pues el intelecto humano está aprisionado dentro de su propio mundo sensorial y de las categorías del pensamiento derivadas del mismo, tales como el número, la direccionalidad espacial, la extensión espacial, el lugar, el tiempo, etc. Allah está más allá de todo esto, en Sus propias palabras, “No hay absolutamente nada como Él” (Corán 42:11)



Si reflexionamos por un momento en este versículo, a la luz del hadiz de Muslim acerca del Ihsan “realizar la ‘ibada (someterse) hacia Allah como si Le vieras, pues si no Le ves, Él te ve”, vemos como el significado de ver aquí no se está refiriendo al ojo, que tan solo puede alcanzar a percibir objetos físicos como él, ni la mente, la cual no puede transcender sus propias percepciones para alcanzar lo que está más allá de ella, sino que se refiere a la certeza, a la luz del Iman, cuyo asiento no está en el ojo o en el cerebro, sino en el ruh, una facultad sutil que Allah ha creado dentro de cada uno de nosotros y cuyo conocimiento no está sujeto por las cadenas del universo creado. Allah el Más Elevado exaltando la naturaleza de esta facultad la ha dejado en el misterio, “Di: El ruh es asunto de mi Señor” (Corán 17:85)



El alimento de este ruh es el dikr o “recuerdo de Allah”. ¿Por qué?, porque los actos de obediencia incrementan la luz de la certeza y del Iman, y el dikr está entre los más grandes de aquellos, tal y como está atestiguado por el hadiz sahih relatado por al-Hakim en el que el Profeta (s.a.s.) dijo, “¿Acaso no os diré cuál es la mejor de vuestras acciones, la más puro a los ojos de vuestro Señor, la que más os eleva vuestro rango, mejor que la plata o el oro, o mejor que golpear a vuestros enemigos?”, ellos dijeron, “¿De qué se trata oh! Mensajero de Allah?, y él (s.a.s.) dijo, “Dikru Llahi ‘azaza wa yall”(El Recuerdo de Allah el Poderoso el Majestuoso) (al-Mustradak ‘ala al-Sahihayn, 1.496).



Incrementar la fuerza del Iman a través de buenas acciones y en particular a través del dikr tiene tremendas implicaciones para el Islam y la espiritualidad tradicional. En cierta ocasión un no musulmán me preguntó, “Si Dios existe, por qué tanta complicación?, ¿por qué no se hace manifiesto y ya está?”. La respuesta es que el taklif o “responsabilidad moral” en esta vida no solo compete a las acciones manifiestas, sino también a nuestras certezas internas, a nuestra ‘aqida, y a la fuerza de la misma. Si la certeza en Allah y en otras verdades fuera sin esfuerzo no habría lugar para nuestra responsabilidad, sería algo automático, involuntario, como decir que Londres está en Inglaterra. Pero la responsabilidad que Allah ha depositado sobre el hombre es lo que hace ser diferente al musulmán del no musulmán, además de ser un test para nosotros en este mundo.



Por esto el fortalecimiento del Iman a través del dikr es de tanta importancia metodológica en el Sufismo. Como musulmanes no solo debemos creer en ciertas cosas, sino tener certeza absoluta en ellas. El mundo que vemos alrededor nuestro está compuesto por velos de luz y oscuridad que golpean el Iman de algunos de nosotros; fue en este sentido en el que ‘Omar ibn al-Jattab dijo, “Si el Iman de Abu Bakr fuera pesado en una balanza frente al del resto de la Umma, su peso sería superior.”



En la ‘Aqida tradicional uno de los principios fundamentales es la wahdaniyya o “unidad y unicidad” de Allah el Más Elevado, lo cual significa que Él no tiene copartícipe alguno, ni en Su Esencia, ni en Sus Atributos ni en Sus Actos. Pero la habilidad para percibir esta certeza en medio del tumulto de la vida diaria es una función que depende de la fuerza de la certeza de nuestro corazón. Allah le hace decir al Profeta (s.a.s.) en la Sura al-A’raf, “Di: No tengo beneficio para mi mismo o daño alguno, excepto lo que Allah quiera” (Corán 7:188)



Y sin embargo tendemos a confiar en nosotros mismos y en nuestros planes, en contradicción con la ‘Aqida de que ni nosotros ni nuestros planes tienen efecto alguno, de que solo Allah es Él que produce los efectos.



Si te quieres poner a prueba ti mismo en esta cuestión, la próxima vez que contactes con alguien que pueda ayudarte en alguna cuestión importante para ti, mira a tu corazón en el momento de pedirle algún favor y mira en quien estás depositando tu confianza. Si eres como la mayoría de nosotros, Allah no está al frente de tus pensamientos, a pesar de que tan solo Él es el que controla los resultados. ¿No significa esto un defecto en tu ‘Aqida, en tu certeza interna?



El Sufismo corrige tales defectos paso a paso al incrementar la certeza interior del musulmán en Allah. Los dos medios fundamentales en el Sufismo para alcanzar esta certeza interior demandada por la ‘Aqida, son la mudhakara, o aprendizaje de los postulados fundamentales del Din del Islam, y el dikr, o recuerdo de Allah. Forma parte de nuestra ‘Aqida, el versículo de la sua al-Saffat, “Allah te ha creado y ha creado aquello que haces” (37:96)



Sin embargo ¿para cuantos de nosotros esto forma parte de nuestra experiencia del día a día. Gracias a que el Sufismo es capaz de corregir estos defectos del Iman, a través del fortalecimiento de la certeza interior del musulmán a través de una vía sistemática de enseñanza y dikr, el Sufismo ha sido considerado tradicionalmente un pilar obligatorio personal dentro del Din desde los primeros siglos del Islam.



La última cuestión que vamos a abordar es acerca de aquellos que erróneamente dicen llamarse sufíes, contraviniendo las enseñanzas del Islam.



Hay dos significados del término sufí: el primero es “aquel que se considera a sí mismo sufí”, este es el significado fundamental para los historiadores y orientalistas del Sufismo y escritores populares, quienes oponen los “sufíes” frente a los “’ulama” (sabios de la ley islámica). Creo que con los hadices y versículos coránicos citados anteriormente ha debido quedar claro que la definición de un sufí debe ser “el hombre de conocimiento del Din que pone en práctica aquello que sabe, de forma que Allah le recompensa con el conocimiento de lo que aún no sabe.”



Por tanto la primera cosa que un sufí sabe como hombre de conocimiento del Din es que la Shari’a y la ‘Aqida del Islam están por encima de todo ser humano. Quien no sabe esto nunca será un sufí, salvo en el sentido orientalista del término, algo así como aquel que vestido de chaqueta, corbata y maletín quiere imitar y convencer a la gente de que es un ejecutivo de alto standing, un verdadero ejecutivo de clase es algo más.



Dada que esta distinción es ignorada hoy en día por bienintencionados musulmanes, se olvida a menudo que los ‘ulama que han criticado a los sufíes, como Ibn al-Jawzi en su Talbis Iblis, o Ibn Taymiya en algunos lugares de su Fatawa, o Ibn al-Qayyim al-Jawziyya, no criticaron al Sufismo como disciplina auxiliar de la Shari’a. La prueba de esto son los cinco volúmenes de Ibn al Jawzi, Sifat al-safwa, que contienen las biografías de los mismos famosos sufíes mencionados en el tratado clásico de Sufismo de al-Qushayri al-Risala al-Qushayriyya. Ibn Taymiya se consideraba a sí mismo como sufí de la orden Qadirí, y los volúmenes diez y once de los treinta y siete volúmenes de su obra Majmu’ al-fatawa, están dedicados al Sufismo, y el mismo Ibn al-Qayyim al-Jawziyya escribió su obra Madarij al-salikin en tres volúmenes como comentario al tratado sobre las estaciones espirituales del Sufismo, Manazil al-sa’irin, de ‘Abdullah al-Ansari al-Harawi. Estos trabajos demuestran como las críticas de estos autores no iban dirigidos al Sufismo como tal sino a ciertos grupos de su época y en este sentido es como hay que entender sus críticas.



Tal y como en otras ciencias islámicas, también en el Sufismo han existido históricamente errores, la mayoría de ellos derivados de no reconocer la primacía de la Shari’a y la ‘Aqida sobre todo lo demás. Pero estos errores no fueron diferentes en principio, por ejemplo, de los Isra’iliyyat (narraciones sin base de lo Bani Israil) que contaminaron la literatura del tafsir, o los mawdw’at, hadices falsos que se infiltraron en el cuerpo de los hadices. Estos errores y contaminaciones no fueron tomados como prueba para decir que el tafsir es malo, o que el cuerpo del hadiz estaba desviado de sus orígenes, sino todo lo contrario, ya que en cada disciplina, los errores fueron identificados y los sabios de cada una de estas disciplinas alertaron sobre ello, porque la Umma necesitaba del resto del conocimiento, y son dichas correcciones las que podemos encontrar en obras como la Risala de Qushayri, el Ihya de al-Gazali y otras obras de Sufismo.



Por todas las razones mencionadas, el Sufismo fue aceptado como una parte esencial del Din del Islam por los ‘ulama de esta Umma. La prueba de esto es todos los famosos sabios de Shari’a que han recibido una educción en Sufismo, entre ellos podemos destacar a Ibn ‘Abidin, al-Razi, Ahmad Sirhindi, Zakariyya al-Ansari, al-‘Izz ibn ‘Abdsalam, Ibn Daqiq al-‘’Eid, Ibn Hayar al-Haytami, Shah Wali Allh, Ahmad Dardir, Ibrahim al-Bajuri, ‘Abd al-Ghani al-Nabulusi, Imam al-Nawawi, Taqi al-Din al-Subki, y al-Suyuti.



Entre los sufíes que ayudaron al Islam tanto con la espada como con la pluma podemos destacar al maestro Naqshbandi Saji Shamil al-Daghestani, quien combatió durante largo tiempo a los rusos en el Cáucaso durante el siglo XIX; Sayyid Muhammad ‘Abdullah al-Somali, un Saji de la tariqa Salihiyya quien lideró a los musulmanes contra los británicos e italianos en Somalia de 1899 a 1920; el Shayj qadirí ‘Uthman ibn Fodio, quien dirigió el yihad en el norte de Nigeria desde 1804 a 1808; el Shayj qadirí ‘Abd al-Qadir a-Jaza’ir quien dirigió a los argelinos contra los franceses entre 1832 y 1847; el faqir darqawi al-Hajj Muhammad al-Ahrash, quien combatió a los franceses en Egipto en 1799; el Shayj tiyani al-Hajj ‘Umar Tal, quien lideró el yijad en Guinea, Senegal y Mali desde 1852 a 1864; y el Shayj qadirí Ma’al-‘Aynayn al-Qalaqmi, quien lideró la resistencia frente a los franceses en el norte de Mauritania y sur de Marruecos desde 1905 hasta 1909.



Entre los sufíes que llevaron el Islam a otras regiones podemos citar al fundador de la orden Sanusiyya, Muhammad ‘Ali Sasi, cuyo yihad y esfuerzo entre 1807 y 1859 sirvió para consolidar el Islam en el desierto libio y en el África subsahariana; el Shayj shadili Muhammad Ma’ruf y el Shayj qadirí Uways al-Barawi, cuyos esfuerzos sirvieron para llevar el Islam a la costa africana.



Por los ejemplos citados queda claro que clase de hombres son los sufíes, en ningún caso el Sufismo fue un impedimento para ellos en su servicio al Islam.



Como resumen podemos decir: si miramos la Shari’a y el Sufismo, encontramos que numerosos versículos coránicos y hadices auténticos obligan al musulmán a eliminar estados interiores considerados como haram, tales como la arrogancia, la envidia, el temor a otro que no sea Allah; y por otro lado la obligatoriedad de adquirir ciertos estados interiores como la compasión, el amor por el musulmán, la concentración de la mente en el Salat o el amor al Profeta (s.a.s.).



Hemos visto como estos estados interiores no son tratados en los libros de fiqh, cuyo objetivo específico es lo exterior, los aspectos cuantificables de la Shari’a, y sin embargo el conocimiento de estos estados es de la mayor importancia para el musulmán, y por esto es por lo que fueron estudiados bajo la tutela de lo sabios del Ihsan, los maestros del Sufismo durante toda la historia del Islam hasta los comienzos del siglo XX.



Cuando nos volvemos al ámbito del Iman, y encontramos que según la ‘Aqida de los musulmanes solo Allah es lo efectivo en este mundo, mantener esto en mente en la vida cotidiana no es algo dado a la conciencia humana, sino que se trata más bien de una función del yaqin, certeza, del musulmán, y vemos como el Sufismo, como disciplina auxiliar de la ‘Aqida, enfatiza el incremento sistemático de esta certeza a través de la mudhaakara, “enseñanza de los principios del Din”, y del dikr “recuerdo de Allah”, de acuerdo con las palabras del Profeta (s.a.s.) sobre el Ihsan visto anteriormente.



Por último, encontramos que las acusaciones contra el Sufismo realizadas por algunos sabios como Ibn al-Jawzi e Ibn Taymiya, no fueron dirigidas en principio contra el Sufismo, sino contra grupos específicos e individuos de su época, la prueba de ello es que otros libros de dichos autores muestran su entendimiento del Sufismo como una ciencia de la Shari’a.



Podemos concluir, pues, que con la desaparición de los sabios tradicionales del Islam de la Umma, aparecen dos cuadros diferentes sobre el Sufismo. Si leemos libros escritos tras el desmantelamiento del Islam tradicional por los poderes coloniales durante el siglo XIX, encontramos el gran engaño: Islam sin espiritualidad y Shari’a sin Sufismo, pero si leemos las obras clásicas del Islam, vemos como el Sufismo ha sido una ciencia más de la Shari’a como el tafsir, el hadiz o cualquier otra, a lo largo de la historia del Islam, el Profeta (s.a.s.) dijo,

“En verdad, Allah no mira a vuestras formas externas o vuestras riquezas, sino a vuestros corazones y obras” (Sahih Muslim, hadiz 2564)



Esta es la gran esperanza que el Islam puede ofrecer al mundo moderno ensombrecido por el materialismo y el nihilismo: el Islam tal como es en verdad; la esperanza de una salvación eterna a través del Din de la hermandad y de la justicia económica y social en el aspecto exterior y la experiencia de lo trascendente y del amor de Allah en lo interior.